11 de febrero de 2012

Tres hijos en el ejército


Hace ahora cien años España estaba empantanada en un guerra en el norte de Africa que costó un montón de dinero y de vidas humanas. Hacer el servicio militar en aquellos años era un suplicio. Sobre todo para los pobres. Ya que los ricos podían librarse pagando una determinada cantidad de dinero o "contratando" un sustituto. Afortunadamente a comienzos del año 1912 Canalejas, había acabado con esa vergonzosa e injusta práctica (Ver post anterior). Pero antes de eso... a los pobres era a los que le tocaba "defender a la patria".

No obstante, se daban aún casos incomprensibles. En una situación desquiciante se encontró una familia vecina de Villavieja en aquella época. Ocho hijos. Cinco mujeres y tres varones. Y los tres .... ¡al ejército a la vez! Veamos como nos lo relata El Adelanto

Un modesto y honrado vecino de Villavieja, Manuel Fernández Martín, nos envía una amarga carta, que nos ha impresionado hondamente y que bien merece que en ella fijen su atención las personas caritativas y pudientes que puedan aliviar en algo la triste situación que, por obligaciones ineludibles de servir a la Patria, se le ha creado á este pobre hombre. En Villavieja vive con su mujer, Francisca Ratero. Ambos tienen más de cincuenta años. De este matrimonio viven ocho hijos, varones los tres mayores; hembras las restantes. El mayor de todos está en la actualidad en la campaña de Melilla, destacado en la posición del monte Arruit. Los dos jóvenes que en edad le siguen han sido sorteados juntos recientemente y destinados á diferente cuerpos del Ejército. Quedan, por lo tanto, en Villavieja, al lado de sus padres, cinco muchachas, la menor de seis años. Al marcharse los tres hijos varones, ha sufrido dicho matrimonio un rudo golpe. La suerte así lo ha querido y el infeliz matrimonio se ve privado de la eficaz ayuda de estos tres hijos, haciéndosele la vida poco menos que imposible. El padre ha gestionado que de los dos hijos que ahora han sido sorteados, se quedase uno en el pueblo hasta que cumpliera el otro. Esto no ha sido posible. Y el infeliz nos escribe lamentándose de ello y pidiéndonos nuestra ayuda. No nos metemos nosotros en el fondo del asunto; pero bueno fuera que las autoridades lo estudiaran y que también las personas pudientes hiciesen algo por aliviar la situación de esta familia proporcionándola una vida menos dolorosa.